"...el amanecer siempre es una esperanza para el hombre..." J.R.R.Tolkien.

viernes, 11 de abril de 2014

Recogimiento.

El temor le embriagaba. El temor, no el miedo, nunca más. El miedo se apodera de un individuo cuando teme lo desconocido, cuando se encuentra carente de valor, de coraje, cuando se abandona a sí mismo en pos de la derrota  y no hinca una rodilla en el suelo para mirar hacia lo alto y levantarse con más fuerza. Pero él no lo tenía, tenía esperanza, pero no podía estar seguro del porvenir. Por eso temía. Temía, aguardaba  y reflexionaba.



Encontraba refugio en el combate, en la brisa nocturna, en la aventura, en el sonido de la naturaleza, en los acordes musicales, en leer aventuras de héroes de otro tiempo, de otra época, muy lejanos según  el cómputo de los años pero tan cercanos en el recuerdo. Todo ello le llenaba de paz. Había crecido leyendo las historias de aquellos héroes, reales y ficticios, que allende las más lejanas tierras habían alcanzado la gloria en reinos  muy distantes. Pero no era guerra lo que buscaba. Admiraba sus virtudes, las que les otorgaban ese título; su determinación, su coraje para superar las más grandes calamidades, la ingeniosidad con la que habían logrado la fama muchos siglos después de muertos, el que los hombres siguieran emulándolos tanto tiempo después, permaneciendo en la memoria colectiva. Anhelaba poder tener ese poder de conquista, para hacer suyo el bastión más inexpugnable del universo: él mismo.

Había pasado toda su vida tratando de encontrarse. Una búsqueda espiritual, física, de conocimiento, de armonía, de felicidad, de darle un sentido a su existencia, que, desde hacía años, había ido quedando paulatinamente vacía, a excepción de determinadas situaciones, personas y lugares. Creía haber hallado cierta paz aquel día, cuando vislumbró su contorno, cuando empezó a conocer su ser e, inevitablemente, como el árbol que es arrancado de los mismos cimientos de la Tierra antes de tocar el cielo, antes de tiempo, se hizo el vacío. Como la yesca que empieza a arder pero es apagada antes de formar lumbre. Como esa obra de arte que se adivina sublime y queda inacabada. Hubo un adiós y, después, una promesa. Una incertidumbre. Un susurro. Una brisa. Todo y nada. Una espera. Tiempo. Ella.


My queen...
My wife...
My love...



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