"...el amanecer siempre es una esperanza para el hombre..." J.R.R.Tolkien.

lunes, 17 de diciembre de 2012

Crítica a 'El hobbit' de Peter Jackson




Por donde podría empezar... Tal vez desde que Peter Jackson anunciara que grabaría El Hobbit hace más de 4 años, y que este año por fin, se confirmara.
Después de saberse que el presupuesto para grabarla alcanzara una cota más alta que la requerida por la trilogía completa de El Señor de los Anillos, cabría esperar como poco, una obra maestra ya no sólo por el tiempo si no por la inversión. Pero pasemos a lo que nos concierne.

La película comienza con un Bilbo Bolsón viejo, aún en posesión del anillo de poder, contando la historia del pueblo de Thorin, Erebor. Una buena intro para meter a quien no esté muy familiarizado con Tolkien, en la película. Los actores que ya aparecieron en El Señor de los Anillos interpretando a Gandalf o Elrond, han sido los mismos para interpretarles en esta entrega, como cabría de esperar, y la ambientación con los espectaculares paisajes que ya se vieran en El Señor de los Anillos, se han vuelto a ver en esta entrega.

Dividiré ésta crítica en puntos positivos y negativos.

Positivos:

1.    La caracterización de casi todos los enanos, con rasgos típicos como largas barbas, nariz ancha, y rudos y fuertes. Si la caracterización hubiese sido mala, la película, por buena que fuera, habría perdido todo.  Personalmente me quedo con Gloin y Balin.

2.    La ciudad de Erebor. Una magnífica representación de lo que habría de ser una ciudad enana, con sus respectivos habitantes.
   
3.    La caracterización de los trolls.
   
4.    El comienzo del film, con Bilbo haciendo una introducción contando la historia de la caída de Erebor, que sin duda ayuda a meterse a la historia incluso a los que la conocemos sobradamente.

5.    No se ha dejado a un lado el que El Hobbit no deja de ser un cuento largo para un público más bien infantil, por lo que no faltan momentos cómicos en la película.

6.    La genial tarea de los técnicos de efectos especiales para lograr que todas las criaturas que aparecen durante el film, tengan sus respectivos tamaños en cuanto a otros seres y al entorno.

7.    La escena de los acertijos con Gollum es sencillamente perfecta.

8.    Ver temas de la banda sonora de El Señor de los Anillos, como la música característica de los hobbits alterada ligeramente, no nos deja olvidar de que son historias hermanas.

9.    No faltan las escenas bélicas.

10.    Si bien me disgustó la idea de una trilogía de El Hobbit, y me sigue disgustando, puesto que es un intento de seguir ganando pasta por parte del equipo, después de haber visto la primera parte contemplo una segunda, aunque una tercera diste lejos.



11. Se hace mención a los zorzales  de Erebor, dónde se puede ver a uno al final del film.

12. La pelicula termina con Thorin aceptando a Bilbo y a su valor, y una última imágen de un Smaug poco visible moviéndose entre las montaás de oro de los salones de Thrór, con su ojo amenazante como última visión antes de los créditos. Un final para la primera parte bastante bueno.    

13. Como punto adicional, decir que para mí, ver una aventura centrada en enanos, personalmente, es genial, dado que es mi raza favorita.


Negativos:


      1.La caracterización de Kili, por un intento de meter al “tío bueno” en la película, que más que parecer un enano,(que no lo parece ni de lejos), parece más bien un hombre menudo. Por si fuera poco es un diestro arquero, cuando sabemos que ningún enano era especialmente hábil con el arco, y aquí tenemos la versión enana de Légolas.

  
      2. No aparece el discurso de Gandalf con los trolls, haciéndose pasar por ellos, imitando sus voces para confundirlos y así hacer tiempo para que llegue el día. En la película ésta escena es sustituida por Bilbo haciendo el bufón, hasta que Gandalf acude y usando magia, derriba una roca y la luz alcanza a los trolls.

      4. Cuando los enanos atacan a los trolls, les inflijen cantidad de golpes y heridas, y cuando son reducidos, los trolls no presentan ningún tipo de daño.

      3. Sólo se presentan a cuatro enanos al principio de la película en la casa de Bilbo, mientras que en el libro se van presentando todos, en pequeños grupos que van llegando poco a poco. Para mi un detalle bastante importante.

      4. Las cavernas de los trasgos parecen auténticas ciudades subterráneas, con estructuras de madera que parecen de cartón.

      5. Sabemos de la resistencia de los enanos, ya que son los seres mas resistentes de la Tierra Media, pero aún así son víctimas de tremendos golpes y caídas y salen sin apenas un rasguño.

      6. Bilbo empieza a ser respetado por los enanos cuando consigue salir indémne de las cuevas de los trasgos gracias al anillo de poder, y aparece entre los enanos sin ser visto, pero en la película únicamente se le critica.

      7. Los gigantes de las montañas son presentados como una especie de titantes hechos de roca, como parte de las propias montañas, y los enanos hacen increíbles pirulas para no caer al vacío. Demasiado fantástico para creerlo. Se suceden las típicas caídas donde se agarran en el último instante.

      8. Los enanos se ven perseguidos por trasgos y huargos en dos ocasiones, algo totalmente inventado.

      9. La lucha en el claro con los lobos y los trasgos sucede en lo alto de un risco, que da a un acantilado impresionante, y la compañía queda suspendida en el aire agarrada al último árbol que está por caer al vacío, donde los enanos se agarran como pueden, cuando en el libro se especifica que esto sucede en un claro. Otra de las manías de tirar a gente al vacío y que se agarren en el último momento.

      10. Apenas se les dá protagonismo a las águilas de Gwaihir, que únicamente los salvan y se marchan.

      11. El mayor fallo que posee la película es sin duda, culpa de los dobladores españoles. ¿Doblar la canción de los enanos? Cagada monumental.

      12. Se presenta a Radagast El pardo como una especie de hippi bastante idiota. Una caraztericación algo pobre...


     
      13. Durante la huída de las cuevas de los trasgos hay una escena de Kili parando flechas con la espada como si fuera un Jedi.

      14. Como cabría de esperar, El Hobbit es un cuento largo que no presenta demasiados detalles con los que realizar una película de larga duración, por lo que Peter Jackson ha solucionado esto incorporando aspectos de El Silmarillion, como la trama del nigromante, (quien en realidad es Sauron), y el concilio de los 5 sabios, que si bien ocurren al mismo tiempo que la historia principal, no tienen relevancia en su desarrollo.







domingo, 25 de noviembre de 2012

Despertar




El pueblo se había levantado en armas. Tras siglos y siglos, milenio tras milenio, habían sufrido la tiranía de los viejos dioses, que ejercían su poder sobre la raza dominante de los hombres. Esos hombres, puestos en función de títeres por poderes supremos, habían sido el ojo controlador en un mundo aparentemente libre a voluntad de los verdaderos dueños.

Hacía milenios que aquellos dioses habían descendido a las tierras de los hombres, aún en su fase larval de evolución, y desde el despertar de la mente, los habían manipulado a consciencia, rimero por miedo y sometimiento, y después, cuando el hijo del hombre empezó a obtener conocimiento, mediante el engaño, y la falsa apariencia de libertad y seguridad en una sociedad corrupta. Los reyes supremos y los grandes líderes religiosos habían sido los medios por los cuales habían echo oír su voz, cuando tuvieron que ejercer su voluntad en la sombra, y quién sabe si no la habían ejercido a nivel terrenal hasta nuestros días. Aquellos seres, hechos a imagen y semejanza de los dioses, controlaron la voluntad de sus iguales, quién sabe con qué vil propósito que obedecía a poderes superiores de entidades malignas.

Milenios después de que sembraran la semilla del esclavo humano en la tierra, el hombre pudo ser capaz de ser su propio dueño,su propio amo, y dueño de su vida, su destino y su espíritu. Muchas calamidades, guerras, había pasado el hijo del hombre hasta alcanzar el despertar global que liberó las mentes de la red ilusoria con el que habían sido atados por estos poderes. Muchos fueron los llamados erróneamente locos por lograr alcanzar una ascendencia y vislumbrar otras alternativas, por el mero echo de retar a la opinión establecida, y el tiempo, tardío pero que al fín llegó, les acabó dando la razón.

El hombré volvió a sus raíces humanas, divinas, ya que el ser humano es una divinidad en sí misma y su propio dios, a su consciencia y amor por su entorno, perdido allá en el tiempo por la corrupción mental sufrida por estos seres, y su embrutecimiento espiritual. Resurgió el valor emocional y el crecimiento espiritual como meta en la vida, la moral por encima de los bienes materiales, el crecer como ser de luz y no albergar codicia y afan por alzarse en la gloria apollándose en las espaldas de otros. Volvió, si no bien el culto, el aprecio y la veneración a la natura y el cuidado de su planeta, su casa. El cultiuvar la igualdad en todos los seres vivos en pos de un avance hacia un futuro y a una sociedad avanzada. No había diferencias, ni guerras, ni falsas casas de mentiras que cultivaban granjas de hombres. Una sociedad avanzada, no puede seguir avanzando más. La utopía de un mundo perfecto, fue lograda.

Ahora,tras tanto tiempo, el ser humano logró, con calma y mucho dolor, la añorada consciencia, la unión global de la red de pensamiento humano, y mediante una sinapsis moral a nivel global, consiguió por fin aquella unión, lejos de credos, etnia o región, y se alzó en pos de la victoria de los dioses tiranos.

El ser humano, bajo todo pronóstico, logró alzarse sobre el monte del miedo y la mentira, y conquistar la cima de la verdad y la luz.




martes, 30 de octubre de 2012

La consumación de la obra de los Valar


Los frutos de Varda y Yavanna eran ya un mero recuerdo. Los bellos bosques de Lórien, e incluso la tierra imperecedera de Valinor, donde la belleza de los primeros días de la creación habían permanecido durante edades, aún después de la profanación de los grandes árboles, ya no existían. Las creaciones de los Valar habían sido corrompidas por aquél a quién dejaron de nombrar así; Melkor, Morgoth... muchos nombres en muchas lenguas tenía, pero por sobre todos ellos, era el señor oscuro de Angband, creador de la poderosa fortaleza de Utumno, que aún después de su destrucción durante la guerra de los poderes, había sido reconstruida, más grande y más siniestra que nunca.
Morgoth

Los vientos
 de Manwë ya no soplaban,  la atmósfera estaba cargada de azufre y veneno y poderosas nubes de tinieblas ocultaban toda luz procedente del firmamento. Las obras de Aulë habían sido derrumbadas; grandes cordilleras desplomadas, (incluidas las grandes Pelori), tierras resquebrajadas, mansiones y reinos majestuosos reducidos a ruinas. Allá donde poderosas ciudades como Minas Tirith o Gondolin, en Arda, y Tirion o Formenos, en Aman, habían quedado reducidas a una mera sombra de lo que fueron en días gloriosos. E incluso la poderosa morada de Taniquetil, donde Manwë reinaba junto a Varda, había sido alcanzada por la oscuridad. Las aguas de Ulmo se habían tornado venenosas, cuando maremotos y tsunamis dejaron de asolar las costas, pero a nadie podían hacer daño ya, pues no había enano, elfo, hombre, animal, maia, o cualquier ser sobre la tierra que fuera a sentir el tacto del mar. Los maia habían sido sometidos en su totalidad por las artes oscuras, e incluso Ossë y Ólorin, que en su día fueron de los mas beneficiosos para las razas de la tierra. Los pocos Sindar, Noldor y demás razas que aún quedaban en la Tierra al final de la última edad de los hombres, habían sido destruidos, corrompiéndose la mas bella raza y los primogénitos de Eru Ilúvatar. Los hombres, numerosos y valientes, cayeron en desdicha poco después, e incluso la noble raza de los Dúnedain, descendientes de Númenor, presentando batalla en infinidad de combates, al lado de sus aliados Naugrim y Eldars; Incluso los hobbits se habían armado. Por grandes batallas, por enfermedad, hambre, persecución... todo ser viviente de la tierra yacía muerto y destruido.

Las salas de Mandos dejaron de recibir las almas de los valientes, y dónde fueron después de que se destruyeran sus estancias, solo Eru lo sabe. Los Valar habían presentado combate, todos ellos, pero ni la fuerza de Tulkas ni la destreza de Oromë habían bastado para combatir el súbito pero predecible ataque de la oscuridad. Melkor había reunido un ejercito de odio y maldad con orcos, bestias, espíritus corrompidos, e infinidad de abominaciones fruto de sus artes malvadas, y el mal ahora asolaba el mundo. Las guerras de los Valar agitaron la tierra durante años, y poco después, desaparecieron. Los hombres, enanos y elfos, no saben donde fueron, ni si estos grandes seres podían morir, ni si les habían abandonado... en sus corazones sentían que hasta estos grandes poderes podían sucumbir, y así fue. El poder de Eru no se había manifestado, y nunca nadie jamás supo por qué.

Lo que si se supo fue una cosa, y hasta el último ser en morir, lo supo; Los hijos de Ilúvatar habían olvidado el amor por las obras de Aulë y Yavanna; el amor por la música de Manwë; la belleza de las estrellas y el trinar de las aves; el vínculo que les unía a todos ellos, a todos sus hermanos, y se habían centrado en conspirar unos con otros, en guerrear, en asuntos banales, egoístas y malvados, y así la semilla que Melkor sembró en Fëanor, hijo de Finwë, muchas edades atrás, dio por fin el mas grande de sus frutos: La consumación del mundo creado por sus iguales, a los que tanto odiaba y envidiaba. Ahora, todo ese cáos y muerte, era por fin suyo.


El resultado de la música de los Ainur, que Eru moldeó para dar forma al mundo, que tantas edades había costado transformar, fue destruida en pocos años, y el mundo, si es que hubo un mundo después, fue yermo, y carente de luz y amor, y con todo, no fue Melkor quién destruyó la tierra, si no sus propios habitantes, aquellos que en su día habían amado la luz de Valinor.


Valinor





jueves, 20 de septiembre de 2012

Un nuevo hogar.


Här se sentía triste. Había dejado en tierra el recuerdo de otros tiempos, tiempos pasados, no tan lejanos... tiempos mejores. Pero seguían viviendo en su recuerdo, al alcance de la mente, como la obra de un artista que perdura cientos de años después de que este haya muerto.

Muchos acontecimientos lo habían forzado a dejar su tierra, aunque todos ellos provocados por la misma causa: Un misterioso ataque desde el sur, que no cesaba. Allá había dejado sus costumbres, su familia, sus amigos, su entorno y su casa. Muchos compañeros de batalla había perdido Här, muertos con honor, todos ellos. A muchos familiares y amigos versados en otras materias como la agricultura y la artesanía había perdido también; A Herold, el constructor de barcos, inteligente y robusto, y gran luchador, aunque rehúso del combate, dispuesto si la necesidad lo llamara; a Astrid, la tabernera, famosa su hidromiel en todo el territorio, tan maravillosa al paladar como su belleza a la vista. Y su amigo Einar, su más fiel y leal amigo de la infancia, el hombre más valiente sobre la tierra que él conocía, de humilde origen y noble corazón, bravo luchador y guerrero justo, había desaparecido, y no albergaba demasiadas esperanzas de volverlo a ver, tal vez, algún día, si los dioses querían... Pero lo que más le dolía a Här era haber perdido a su hija Liv, en un ataque donde fue capturada junto a su padre, y, negándose a adoptar la nueva religión proveniente del sur, había sido degollada ante sus ojos, como advertencia para los que tomaran su ejemplo. Dolido, apenado y furioso, Här consiguió escapar junto a algunos compañeros mas, no sin antes pagar un alto precio a su libertad; Perder su ojo derecho. Fue la única vez que consiguieron atraparle, gracias en parte a su astucia, gracias en parte a los dioses, había conseguido siempre salir indemne de batallas y escaramuzas, y jamás lo habían atacado estando desprevenido.



Här había visto, como guerrero curtido, morir a los hombres, llorar a las mujeres y ver desolación en los ojos de los hijos. Había visto los bosques arder, la tierra temblar y el agua pura y clara convertirse en un torrente de sangre. Había visto las armas quebrarse y el horror de la guerra; gritos desgarradores aullando en el viento al expirar el último aliento de vida. Los pueblos caer ante el odio y la desolación, el humo erguirse en el aire hasta alcanzar el mismísimo cielo. Había visto paisajes enteros, antaño hermosos, desolados, muertos, cubiertos de una escarcha pálida de cenizas cubriendo huesos, madera y piedra. Ahora, donde antes se alzaban círculos ceremoniales, túmulos y rocas grabadas, veía un extraño símbolo, que le recordaba a la runa Naudhiz, algo que los extranjeros habían traído consigo diciéndoles que representaba el amor de un dios que se sacrificó por la humanidad en un desierto, muy lejos de allí. Här no entendía porque un dios bondadoso permitía que hombres libres mataran y sometieran en su nombre a todo aquél diferente a sus creencias. Pero esto ya poco le importaba, su país estaba desolado y los pocos hombres y mujeres libres que rehusaban de adoptar las nuevas creencias y costumbres huían al oeste, al este y al norte, en busca de tierras libres.

Här miró al horizonte. Hacía 3 días que habían dejado la costa, rumbo al oeste, en un pequeño drakkar tripulado por él y unos pocos supervivientes, algunos de los cuales le habían acompañado en largos viajes y con los que había entablado una gran amistad. Quien fuera un noble guerrero, parte de la escolta personal de su rey, ahora no era sino un traidor a ojos de sus enemigos, algo que compartía con todos los que le acompañaban. No entendían que motivo habría impulsado a los pueblos del sur a atacarlos de esa manera; si el ansia de nuevas conquistas o el sometimiento a esa extraña religión. Pero una cosa si estaba segura: Ya nada volvería a ser como antes.


Afilando su espada Här meditaba sobre todos los acontecimientos ocurridos en el último año, y volviendo la mirada de nuevo a la inmensidad del mar, pensó en aquellos relatos que recitaran los escaldos en tiempos más propicios sobre tierras lejanas, tierras verdes y fértiles, donde no había guerra, y rezó, esperanzado, que fuera cierto. Su vida y la de todos sus compañeros quedaban ahora en manos de los dioses y de su propia fuerza y voluntad para afrontar el futuro.



La última marcha.


Ya no sentía nada. Ni la fuerte tormenta que caía golpeando su cabeza desnuda,
ni la brisa helada del norte que besaba sus mejillas y manos ensangrentadas,
ni el mecer de su pelo y barba al son del viento.
La noche, que invadía aquella región como si el sol hubiera dejado de latir, le parecía aún mas densa y tenebrosa.
No sentía el frío de aquél lugar, ni las heridas que con orgullo había ignorado, ni el lodo y la hierba teñida de sangre bajo sus desgastadas botas.
Nada, no oía gritos, ni el rugir de las espadas y el silbar de las flechas, ni los cánticos de los soldados, ni el cuerno de guerra, ni el repiquetear de los tambores. Ni siquiera sentía el latir de su corazón.

De pronto bajo la vista y vio su escudo, con un extremo quebrado, y bañado de sangre y barro, donde aun podía verse claramente el emblema de su casa, a escasos metros de donde se encontraba. Su yelmo, decorado con hermosos y detallados grabados de alguna guerra pasada, y con un hermoso Drakkar en la cimera, que aun centelleante a la escasa luz que aun despedía la luna, se encontraba a sus pies. Su espada, decorada la hoja con runas y con una cita que rezaba: "Mientras el acero lo guíe tu corazón, tu causa sera noble", parecía negarse a rendirse, como si tuviera espíritu propio, permaneciendo débilmente pero orgullosa en el extremo de su mano derecha, aún cuando había dejado de sentirla hace rato.

Se giró, entonces, confuso, percibió algo ,lo cual no supo entender; Cientos, tal vez miles de sombras, las cuales donde terminaban a lo lejos no era capaz de ver, se movían y se agitaban bruscamente alrededor suyo. Unas caían por la espada, otras atravesadas por la lanza, mientras en sus rostros, débilmente marcadas sus facciones, podía leerse como gritaban de dolor al caer, o de furia al cargar.
Fimbulthul estaba confuso, innumerables formas seguían moviéndose a su alrededor, como si se tratara de un recuerdo que comienza a morir en la memoria, como si no percibieran que el estaba allí,de pie, titubeante pero orgulloso.

De improvisto, vio una luz a lo lejos, pero no era la luz de un fuego ni quizá un rayo matinal, ni ninguna clase de luz que el hubiera visto alguna vez.No, aquello era algo que jamás había presenciado. Era una luz blanca y pura, con tintes plateados, que emergía a lo lejos, haciéndose cada vez mas y mas fuerte, y a medida que crecía en la distancia, sentía como un calor reconfortante le emergía desde dentro, extendiéndose por todo su cuerpo, un calor que quizás ni la mejor hidromiel fabricada nunca por los enanos le habría hecho sentir jamás. Ahora era mas visible aun, y de entre aquella luz, vio como poco a poco se acercaba una figura a lomos de un caballo, hasta que fue visible completamente; Un hombre con larga melena blanca y una frondosa barba teñida de blanco también, con una armadura tan pura y trabajada que parecía hecha para los mismos dioses. Su rostro, débilmente visible pero expresivo, reflejaba poder pero también piedad, orgullo y humildad, fuerza y amor, y aquel hombre, si es que existían en Midgard hombres de aquella índole, poseía el porte de un fuerte guerrero, el mas noble de entre los nobles, y sus ojos fríos y penetrantes, denotaban el amor que solo un padre procesaba, pero también el furor del mas enardecido de los guerreros.
Portaba una lanza, la cual inspiraba tal respeto y admiración con solo mirarla, que daba la sensación de que quien la llevara gobernaría el mundo. Su montura, aquel caballo blanco, parecía ser el padre de todos los equinos de la tierra, tan fuerte y poderoso, tan noble, que su simple presencia reconfortaba el espíritu.
De pronto, estuvo a escasos metros de él, y parecía que toda maldad no tenia cabida en aquél lugar, que toda sombra había quedado extinta en el mundo, y entonces aquel misterioso hombre habló.

-Hijo mio, no temas, pues yo soy tu padre, y el padre de todos tus hermanos. Ven, toma tu arma,recoge tu escudo y ciñete tu casco, pues Heimdall aguarda a las puertas. No temas, valiente, pues ahora moraras en la ciudad eterna-.


Ahora Fimbulthul lo comprendió todo.